La red cortaba las cuerdas vocales a los animales para que los vecinos no se percataran de la existencia de los criaderos clandestinos

El negocio familiar era la cría de chihuahuas. O al menos eso es a lo que apuntan los agentes del Cuerpo Nacional de Policía que se han encargado de esta operación contra el maltrato animal. Porque al hombre que lideraba el entramado, nacido en 1963, no le constaba otro empleo. “Vivía de esto”, ha explicado Juan José Castro, el inspector jefe responsable de los delitos medioambientales. En total se ha detenido a cinco personas: además del cabecilla, su esposa, un informático que colaboraba para vender a través de Internet los ejemplares y dos veterinarios que ayudaban a blanquear el origen de los animales. Se les acusa de maltrato animal, pertenencia a organización criminal y falsificación documental.

Los agentes han localizado dos criaderos ilegales en las localidades madrileñas de Meco y Arganda del Rey y han “rescatado” 270 perros, de las razas chihuahua y pomerania, que se venden por entre 1.300 y 3.000 euros cada ejemplar, según la policía. A algunos de ellos, según los investigadores, les habían seccionado las cuerdas vocales para que sus ladridos no alertaran a los vecinos de la existencia de los criaderos. 

Según ha detallado Castro, la cría de este tipo de ejemplares es muy lucrativa. El valor total de los perros intervenidos —que han sido entregados a protectoras de animales— ronda los 300.000 euros. De la documentación localizada durante esta operación, que arrancó por una denuncia anónima, se desprende que desde 1990 el cabecilla de este grupo ha inscrito 1.400 ejemplares ante la Real Sociedad Canina de España, que según las estimaciones policiales podrían haberse vendido por un total de dos millones de euros. 

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La operación comenzó hace un año, cuando la denuncia anónima llevó en un primer momento a los agentes a un chalé de Meco. Allí localizaron 12 perros de raza y un hilo de documentación del que tirar que terminaba en otro chalé, ubicado en una urbanización céntrica de Arganda del Rey. Y en esa segunda casa, en un zulo oculto, los policías encontraron en noviembre el gran criadero, con otros 258 perros. “Al realizarles las pruebas veterinarias oportunas se comprobó que presentaban síntomas de que les habían cortado las cuerdas vocales, posiblemente para que no ladrasen y pudieran alertar a los vecinos de la existencia de un criadero ilegal de perros en la urbanización”, ha resaltado la policía a través de una nota.

El zulo estaba distribuido en tres áreas: una zona de cría (“donde se encontraban los animales con menos de un mes y las perras embarazadas”), otra de animales preparados para la venta y otra zona de animales listos para criar.

La policía ha destacado que los animales “se encontraban en pésimas condiciones higiénico-sanitarias”, y que la cría se realizaba “sin ningún tipo de control veterinario”, lo que “habría generado múltiples afecciones a las hembras”. Entre los canes intervenidos, “los agentes hallaron dos crías muertas, congeladas y envueltas en papel de periódico”, ha explicado al policía.

La red contaba con la colaboración de dos veterinarios, uno de Leganés y otro de Moratalaz, que les ayudaban a dar “apariencia de legalidad” a los perros a través de “cartillas selladas por los centros veterinarios pero sin rellenar” y de los necesarios chips, que el cabecilla de la red colocaba a los cachorros.

La policía cree que la red lleva más de una década actuando y no descarta más detenciones.

https://elpais.com/sociedad/2020/01/23/actualidad/1579777839_323164.html